Domingo 2º de Adviento. La Inmaculada Concepción de María

 

Si adviento es aviso y llamada que nos urge a estar atentos a la presencia de Dios en la realidad, a la vez que exhortación a mostrarle a través de nosotros mismos como creyentes, de nuestro comportamiento y manera de tratarnos los unos a los otros.
Si adviento es caer en la cuenta de lo mal que está nuestro mundo y de que no tenemos que buscar más culpables de ello que nosotros mismos, los seres humanos, con nuestro egoísmo, nuestra soberbia y nuestro afán de dominarnos unos a otros.
Si adviento es reconocer que no tenemos ni capacidad ni posibilidad de arreglar las cosas que nos interesan a todos a la vista de la experiencia de miles de años de fracasos a pesar de los muchos intentos realizados.
Si adviento es también grito y plegaria porque llegue al fin la liberación deseada y necesitada, en los negocios humanos y en lo más interior y personal de cada uno de nosotros.
María de Nazaret es, más que la joya de la corona, el ejemplo y paradigma por antonomasia de lo que Dios realiza, está realizando continuamente, en favor nuestro.
La llena de gracia porque el Señor está con ella, no es una excepción en medio de un pantanal putrefacto, como con tanta frecuencia nos consideramos. Es la confirmación de lo que necesitamos creer y admitir, asumir y apropiar, encarnar y desarrollar.
Dios está nosotros. Igual que con María. Lo que Dios desarrolló en la joven igualmente lo puede llevar a cabo en nosotros. Respondiendo sí, como María, y dejando a Dios que sea Dios en nosotros, no tendremos ya que soñar con extraños paraísos perdidos. Acogiendo con agradecimiento el don de la vida recibido. Tratándonos cordialmente los que somos y debemos considerarnos iguales. Decidiendo empeñarnos y comprometernos en que este mundo nuestro deje de mostrar sólo hasta dónde podemos llevar las cosas haciéndolas mal y siquiera consigamos que afloren pequeños brotes verdes de esperanza en algo mucho mejor.
María nos lleva la delantera no porque sea de otra pasta; sí porque fue dócil a la voz de Dios; sí porque aceptó la carga sin condiciones, ya sabía que no estaba sola; sí porque se abrió a nuevos horizontes, creyendo más allá de la evidencia; sí porque no pensó en sí sola, asumiendo que estaba ensartada en esa lista inmensa de seres humanos, los pobres de Yahvéh (anawin), que viven ante el sólo Dios es necesario y sólo Dios basta.
María es la mujer. No frente al hombre varón ni contra él. Y con Jesús, el hombre, forma el mejor tandem de la historia en esto de luchar junto a Dios en contra del mal. Dicho esto en plan moderno e informal, pero muy clarito.

Música Sí/No