sábado 21 de noviembre de 2009

Domingo 34º del Tiempo Ordinario. Jesucristo, Rey del Universo


La fiesta de Cristo Rey no es muy antigua. Apenas de 1925. No hace ni un siglo que el Papa Pío XI la instituyó, dicen que para contrarrestar el laicismo, proponiendo el reinado de Cristo en los corazones, y no un reinado con estilo pomposo e imponente de Pantocrator, como sucedió no mucho después, al menos en nuestro país.
Eso no quiere decir que no tenga raíz evangélica, y que sea el Evangelio el lugar donde tengamos que ir para encontrar su significado.
El domingo pasado aludí a una corriente de pensamiento que le tocó vivir a Jesús, la apocalíptica, y que seguramente le influyó para expresarse, usando las palabras y los conceptos que eran muy cercanos a quienes le escuchaban.
Eran momentos de lucha, de reivindicación nacionalista, de martirio, y sobre todo de un sentimiento negativo sobre el mundo dominado por las fuerzas del mal, representado por los poderes imperiales de los países dominadores. De ninguna manera puede esto acabar así, y Dios tiene que tener un final preparado, porque él será quien diga la última palabra.
Ya la profecía de Daniel avisaba de la llegada de un cierto hijo del hombre, en quien todos los pueblos serán reunidos bajo una paz definitiva y su reino no terminará nunca, será eterno.
Jesús rechazó varias veces, así lo dicen los textos evangélicos, ser exaltado por el pueblo a la categoría de rey. No quería, porque no podía, ejercer ningún tipo de poder aquí en la tierra, al estilo político. Está claro que para Jesús el espíritu de las bienaventuranzas es el signo que define a los súbditos del Reino de Dios que anunció y comenzó con su propia vida.
Él mismo se alineó con los profetas y, a su manera, también con los valientes luchadores judíos contra el poder injusto. Por eso hoy le vemos ante Pilato, representante del imperio dominante de Roma, que le pregunta por su realeza y por la verdad que representa. Y que se vuelve sin esperar la respuesta.
Es el Apocalipsis, el último escrito cristiano, el que nos da la palabra decisiva de lo que los discípulos de Jesús entendieron, viviéndolo ellos mismos frente al mismo mal que Jesús había combatido.
Acaba un año litúrgico durante el que no hemos hecho otra cosa que hablar del Reino de Dios. No podemos dudar, menos negar, que sabemos de sobra de qué estamos hablando. Pero recordemos todo lo dicho y celebrado, sintentizando:
Su reino es de amor y misericordia, de comprensión y perdón, de acogida para los alejados,  de generosidad con todos. Su reino es toda una forma de convivencia entre las personas en la que se parte de un principio básico: somos hijos del mismo Padre y, por eso, somos hermanos. Lo que tenemos, lo que somos, lo compartimos. Y esa es la única forma de alcanzar la plenitud, nuestra plenitud. Ese es el Reino de Jesús. Eso es lo que hoy celebramos en esta fiesta con la que termina el año litúrgico. Pilatos no entendió lo que le decía Jesús. Probablemente no le pareció más que un loco potencialmente peligroso. Por eso lo condenó. Hoy nosotros, desde la perspectiva de la fe, deberíamos saber que el poder de Jesús es mucho más fuerte que el de Pilatos. Pilatos tiene la violencia de las armas. Jesús tiene la fuerza del amor, del perdón y de la misericordia. Pilatos, con su violencia, puede destruir pero sólo Jesús puede construir porque sólo el amor construye y abre nuevas posibilidades de vida. Si creemos en Jesús es hora de alistarnos en sus filas y avanzar bajo su bandera. Jesús es de verdad todopoderoso. Sólo con él podremos construir un mundo nuevo.

domingo 15 de noviembre de 2009

Domingo 33º del Tiempo Ordinario



La liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del Antiguo Testamento y del evangelio, textos relativos al final de los tiempos. Utiliza para ello un género literario, llamado apocalíptico, muy común en el judaísmo tardío y que hoy goza de especial favor en novelas y películas referidas a catástrofes y cataclismos de efectos visuales y sonoros de inmensas proporciones. No se trata de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, sino de la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio. El texto que leemos hoy de la profecía de Daniel es subversivo para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces que a punta de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.
 
En el Evangelio, Jesús utiliza también ese mismo género apocalíptico. Tampoco lo hace para hablar del fin de los tiempos, respecto de lo cual hasta se permite una chanza: eso ni siquiera lo saben los ángeles, sólo lo sabe mi Padre, asegura.

 
Muy en línea con el pensamiento judío, siempre rebelde ante los imperios invasores, Jesús sabe perfectamente que el plan de Dios sólo es posible combatiendo y cambiando las estructuras injustas que hacen que este mundo no sea el soñado por el Creador. Discípulas y discípulos están entonces comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Y esos son los brotes de la higuera que anuncian la llegada del verano.

 
Mañana se cumplen veinte años de la muerte por martirio de los jesuitas de El Salvador y de las dos mujeres que les acompañaban aquella tarde en la UCA. A esta comunidad parroquial le fue muy cercana aquella tragedia porque Nacho Martín Baró, hermano de Alicia, nos había visitado poco antes, y también por Ignacio Ellacuría que fue profesor mío. Además Segundo Montes también era vallisoletano y Amando López, burgalés. Junto a ellos, murieron también el navarro Juan Ramón Moreno, y los salvadoreños Juaquín López, Elba Julia y su madre Celina Maricet.


Ellos tuvieron muy claro que la causa de Jesús era también la causa del pueblo, y de la mano de Monseñor Romero no dudaron en enfrentarse desde la fe contra las condiciones injustas que hacían que las personas y los pueblos sometidos fueran ninguneados en su dignidad y en sus derechos. Fueron testigos hasta el martirio, dándose a sí mismos hasta entregar la vida entera. Así se convirtieron en semilla de esperanza y en ejemplo de que el seguimiento de Jesús pasa por transformar este mundo en todos sus cimientos. Sólo así se hace posible el Reino de Dios. Y el Reino es lo que nos interesa, porque le interesa al mismo Dios.

domingo 8 de noviembre de 2009

Domingo 32º del Tiempo Ordinario


Aprovechando que hoy hemos bautizado a Jorge y Álvaro, como cristianos maduros que somos todos y todas, podríamos ir diciendo las cosas importantes por las que su recién estrenado ser cristiano se va a ver o enfrentado o enaltecido. Momentos de relieve en la vida claro que los tendrán, pero serán muchos más los normales y ordinarios; por un día de domingo tendrán seis de diario, y si una jornada tiene una hora solemne, quedarán las veintitrés restantes nada aparatosas; a contrario, muy normalitas.

Viene esto a cuento de las lecturas que acabamos de proclamar en esta asamblea. En las tres más que suceder cosas, se relatan actitudes, estilos o formas de vivir.

En la primera, una viuda se muestra acogedora y solidaria, y llega a vaciar su despensa para alimentar al extraño, incluso a costa de quedar hambrienta y más pobre ella y su hijo.

En el evangelio, la viuda del templo, vive tan generosamente que no le importa vaciar su escaso bolsillo para ofrecer a Dios lo que necesita para vivir. Y Jesús resalta esta actitud frente a los que dan grandes donativos, pero siguen teniendo los bolsillos a reventar.

Y en la segunda, Jesús, Cristo, se sacrifica en favor de todos. Dios, abajado para enriquecernos a todos.
Han de saber estos niños que ser cristiano no es sólo asistir a grandes ceremonias, ni recitar solemnes confesiones. Que recibirán después de éste, otros sacramentos que la Iglesia les seguirá ofreciendo. Que tal vez en alguna ocasión serán honrados por ser miembros del Pueblo de Dios. Todo podrá ser.

Pero también deberán saber que ser cristiano, más que un título, es una forma de vivir, un estilo propio, un modo de pensar y de portarse. Son cristianos, pero no han dejado de ser personas. Ahora deberán ser buenas personas, mejores personas. Y esto quiere decir que han de tener las manos abiertas para saludar, para compartir, para dialogar, para dar, para confiar. Que sus manos deberán estar disponibles también para recibir y acoger, para ayudar y construir, para comprometerse y para romper barreras, para acercar y para abrazar.

Y esto porque lo hizo el mismo Dios, y así tenemos un ejemplo que seguir. Pero además, porque vivir así, con ese estilo, de ese modo, es un camino seguro para sentirnos felices, satisfechos de nosotros mismos y no de cuánto tenemos o podemos, confiados de sabernos hermanos y no adversarios.

Manos abiertas, y no puños cerrados, es la única manera de vivir en cristiano.

sábado 31 de octubre de 2009

Festividad de Todas las Santas y de Todos los Santos

 
Esta fiesta de todos los santos a muchas personas les lleva a coger flores y llevarlas a los cementerios. De hecho hoy aquí somos bastantes menos que el domingo pasado, y esa es seguramente la razón, que se han ido a otros pueblos y ciudades a visitar las tumbas de sus difuntos.
De manera que se mezcla lo de hoy con lo de mañana, a pesar de que también el lunes es vacación.
¿A quiénes celebramos hoy? Unos dicen que en la Iglesia se han declarado tantos santos y santas que no caben en el calendario, de manera que cada uno tenga su día. Como hay más santos y santas que días en el año, hay que juntarles a todos y festejarles a la vez. Así está hecha la fiesta de hoy.
Otros dicen que hay más santos que los reconocidos oficialmente. Y para no dejarles en el olvido, se les recuerda así, en general, sin decir nombre y apellidos, porque tampoco se saben.
Y finalmente, otros más pudieran decir que eso de santos…, que vaya usted a saber si lo son los que están canonizados, y si no habrá en el cielo personas santas que aquí pasaron por otra cosa.
¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
1. Que santos hay la tira: 144.000. O sea, infinidad, una multitud que nadie puede calcular.
2. Que los santos no son de un solo redil, el católico; que hay infinidad de toda raza, pueblo, credo y condición.
3. Que les distingue que están con sus vestiduras lavadas en la sangre del Cordero y que vienen de la gran tribulación. Ese Cordero es Jesús, el que dijo que daba su vida por la salvación de todos.
4. Va San Pablo y recuerda que todos somos hijos de Dios, o sea, que tenemos el mismo espíritu, la misma sangre y la misma vida de Dios. Que somos hijos, pero que aún no terminamos de verlo con claridad, pero llegará un día en que sí.
5. Y Jesús, mirando a los suyos con cariño les soltó aquella ristra de bendiciones que son las bienaventuranzas. Benditos vosotros, felices, santos del todo, porque sois pobres, porque lloráis, porque hambreáis de justicia, porque tenéis un corazón humano y limpio, porque trabajáis por la paz, porque el sufrimiento no os es ajeno, porque se os conmueven las tripas de pura misericordia, porque por la fe en mi lo estáis pasado mal…
¿Quiénes son los santos, después de saber todo esto?
Pues todos nosotros, y también el resto de los que no están aquí. Que a todo ser humano se le debe aplicar lo de santo porque de la santidad de Dios procede, y hacia la santidad camina porque está llamado a ella.
A todo ser humano Jesús le dice “Sé santo, porque tu Dios es santo”.
Y a todos y a cada uno, el mismo Jesús nos llama: “Venid, benditos de mi Padre…”
Hoy es pues nuestro onomástico, y somos tantas y tantos los que tenemos derecho a celebrarlo, que tenemos que repensar nuestra idea de Dios, porque es muy pequeña en comparación con la de verdad, que es tan enorme que no deja absolutamente a nadie fuera de su cariño y de su santidad.

domingo 18 de octubre de 2009

Domingo 29º del Tiempo Ordinario


El domingo 29º del tiempo ordinario, o sea hoy, caigan chuzos o luzca el sol, la Iglesia celebra el día del domund, que es como decir que hoy recordamos a los misioneros y misioneras católicos repartidos por el ancho mundo para anunciar el evangelio a los no cristianos y si es posible, bautizarlos. Así se lleva a cabo el encargo recibido del mismo Jesús, cuando como resucitado les habló a sus discípulos de lo que debían hacer en adelante.

Desde entonces hasta ahora ha sido ingente el esfuerzo que ha hecho todo el conjunto de la cristiandad por anunciar a Jesucristo y al Reino de Dios, extendiéndose la Iglesia por todo el orbe. Así cumple su vocación de catolicidad, de universalidad.

No podemos hacer un resumen de lo realizado por la Iglesia y sus misioneros a lo largo de estos veinte siglos, pero podréis fácilmente comprender que ha habido de todo, cosas estupendas y cosas horribles, bueno y malo, y muchas mediocres.

Ni se pueden olvidar, ni debemos renegar de lo que se ha hecho mal. Incluso en contra del evangelio que hoy hemos escuchado. Porque si Jesús nos envía como servidores, los cristianos en muchísimas ocasiones y lugares hemos ido como apoderadores, usurpando culturas y territorios, destruyendo cuanto estaba allí y no servía para los intereses interesados, e imponiendo lo que se llevaba, lengua, cultura, industria, economía y religión.

Son otros tiempos. El concilio Vaticano II nos puso las pilas y nos ayudó a comprender que la humanidad toda es obra de Dios, y que allá donde vayamos hay signos de su presencia y semillas del evangelio.

Hoy los misioneros y misioneras están allá donde hacen falta que estén sirviendo y ayudando a las gentes, no donde interese a la metrópoli colonizadora.

Hoy los voluntarios y voluntarias de innumerables ongs desinteresadas colaboran en la sanidad, la cultura, el desarrollo, la industria y el comercio, dialogando con las religiones nativas, si es posible, o sin enfrentarse a ellas, cuando el diálogo se hace difícil.

Hoy misioneros y misioneras lo somos todos los que hemos recibido el bautismo, porque hemos llegado al descubrimiento de que cualquier lugar de este mundo es tierra de misión, donde anunciar el evangelio no a golpe de crucifijo sino con el talante de quien convencido de su fe vive comprometido en todos los órdenes de la vida.

Hoy es, pues, un día más en que nos reconocemos discípulos de Jesús y miembros de la Iglesia, no para ocupar puestos importantes, sino para servir con alegría a hacer un mundo mejor, no importa si el de al lado cree como nosotros, porque le reconocemos igualmente como hijo de Dios, con la dignidad y la libertad para que lo haga según sus propias convicciones.

domingo 11 de octubre de 2009

Domingo 28º del Tiempo Ordinario


Un hombre angustiado busca solución para el problema crucial de toda su vida: superar la muerte. Y como reconoce en Jesús un ser superior le pregunta cómo hacerlo.

En este asunto, los judíos tienen a Dios mismo como maestro: la vida eterna se consigue no siendo personalmente injusto. Por eso mismo Jesús le cita los mandamientos que se refieren al comportamiento ético con el prójimo. Parece ser que aquel joven no retiene injustamente la riqueza.

Y entonces Jesús, con cariño, le invita a entrar a formar parte del grupo de los discípulos. Por ello le propone acoger el reinado de Dios como un chiquillo, abandonando la riqueza para hacerse último y servidor de todos.

Sin embargo, aunque personalmente no es injusto, sin embargo este hombre está implicado, por su riqueza, en la injusticia de la sociedad. Para construir el reino de Dios, la sociedad nueva, no basta ser justo personalmente, hay que eliminar la base de la injusticia, la desigualdad y la dependencia creadas por la acumulación de riqueza.

Dando a los pobres sus bienes, sin esperanza de recuperarlo, renunciando así a la seguridad del capital obtendría el cuidado amoroso de Dios.

La tristeza del joven y el desconcierto de los discípulos nos dan a entender que todos ellos siguen pensando que en el Reino de Dios los bienes personales siguen siendo necesarios para la propia subsistencia.

Jesús trata de decirnos, igual que a ellos, que en el nuevo mundo del reino de Dios no habrá miseria, sino afecto y abundancia para todos, pero sin desigualdad ni dependencias; sufrirán, sí la hostilidad de la sociedad, pero heredarán la vida definitiva.

No hay, pues, nos niveles diferentes de cristianismo; ni clase de tropa ni estado mayor; sino un solo pueblo, el de Dios, llamado a ser solidario, y donde prime ser, no el tener, y donde confiar en Dios sea toda la seguridad necesaria.

Tampoco está en juego una especie de lotería, acertar o no acertar: aquí no hay que renunciar a nada, sino elegir lo que a uno más le conviene.

Pensemos que tal de cerca estamos de la propuesta que Jesús nos hace esta mañana de domingo.

sábado 3 de octubre de 2009

Domingo 27º del Tiempo Ordinario


Vivid acompañados, dice Yavé

Una persona muy enamorada escribía así tras una despedida: “Se me ha ido la mitad de mi ser”. Le contestaba su pareja diciendo: Es a mí a quien le han arrancado su mitad. Cuando esta pareja amiga me mostró ilusionada sus correos para espabilar mi ignorancia célibe, redescubrí la metáfora del Génesis. Lo de la “otra mitad” y “una sola carne” son expresiones que no deberían leerse con óptica machista, a pesar de las malas interpretaciones sobre la costillita. Valen para ser pronunciadas por la mujer o por el varón o por cualquiera de las partes de cualquier pareja, sea cual sea el signo de su sexualidad.

En el Génesis (2,18-24) hay un juego de palabras intraducible entre hembra y varón, en boca de un Adán embelesado ante la entrada en escena de Eva. En japonés, ningen significa perteneciente a la especie humana, tanto hombre como mujer (nin: humano; gen: entre). Al pie de la letra: ser humano entre humanos, con acento en la “inter-humanidad”.

En castellano, hombre puede significar varón o ser humano en general. Para evitar discriminaciones de género, hoy evitamos el segundo uso y explicitamos que se trata de “hombres y mujeres”, “ellas y ellos”.

Lo mejor de la imagen bíblica citada (lamentablemente desprestigiada por el abuso patriarcal de la imagen de la costilla) es que ni el varón ni la mujer son plenamente humanos antes de constituirse la pareja prototípica.

Otra frase mal interpretada de la narración del jardín del Edén es la que se refiere a Eva como “ayuda apropiada”. Después de poner nombre a los animales, uno por uno, dice el Génesis que Adán no halló ninguna especie adecuada para formar pareja. En cambio, ante la aparición de Eva, descubre Adán el regalo de la “compañía conveniente”. Siglos de lectura patriarcal y machista han reducido el papel de la mujer al de “ayuda esclavizada” o “pet de compañía” para alivio del varón. Pero la tarea de convertirse en “compañía auténticamente digna” (ezer kenegudó, en hebreo) es una misión encomendada a ambas partes de la pareja. A la luz de esta exégesis se repiensa hoy día el sentido de lo que significa partnership.

El marido japonés se refiere a su mujer llamándola su kanai : la que está allá dentro.. Cuando le preguntamos, en lenguaje más elegante, cómo está su esposa, la llamamos su okusan, es decir, la que está en el interior. Así que, tanto para hablar de la propia mujer como de la esposa del interlocutor, se define a la mujer como “la que está en la cocina”. Pero mis buenos amigos, el matrimonio Yamauchi, más modernizados, no usan esos términos.´Entre sí se llaman con nombre propio y se refieren mutuamente a su pareja llamándola “mi tsure”, que significa “mi compañía”.

Al leer la cita bíblica aludida por Marcos sobre el origen de la pareja humana (10, 2-16) y comentarla con el otro texto del Génesis (2, 18-24): “No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle el auxiliar que le corresponde”, la deberíamos reinterpretar parafraseando así: “No es bueno que la persona viva sin compañía. Vivid acompañándoos y sed compañía digna mutuamente”. Lo dije así en una homilía (2 de junio del 2005) en la Universidad Comillas y se activaron las luces rojas de la hipervigilancia inquisidora. Comenté aquel día este mismo texto del Génesis diciendo así: “Es machista la frase del viejo ritual que recalca: Se te da por mujer según la Ley. Hoy la teología prefiere hablar de mutua entrega (Vaticano II, Gaudium et spes, n. 48) y comunidad de vida y amor (Nuevo Derecho Canónico, c. 1604) para definir el matrimonio. El exegeta español Alonso Schôkel explicaba el concepto de ayuda adecuada diciendo que no se trate a la mujer como animal de carga. El exegeta francés Leon Dufour entiende la ayuda adecuada como relación cara a cara de reconocerse mutuamente al desnudo. Por eso es posible usar este texto como criterio para una ética de las relaciones de pareja. Vale para el varón y la mujer, y para otras relaciones, de pareja o amistad, sea cual sea su orientación sexual. Se puede aplicar también a las relaciones de ayuda al crecimiento mutuo en comunidades que viven con sentido una opción de celibato. En toda clase de relaciones el respeto debe evitar cualquier situación de acoso o maltrato y ayudar positivamente al crecimiento. El criterio sobre la ética de las relaciones es el reconocimiento mutuo. Ya sean relaciones de pareja, de amistad o de vida en comunidades, el criterio es ser compañía digna mutuamente, ayudarse mutuamente a crecer en el seno de una convivencia que integre amistad tierna y respeto justo. Así dice la voz creadora: Vivid acompañándoos”.

Música Sí/No