Domingo 34º del Tiempo Ordinario. Jesucristo, Rey del Universo


Con este domingo se acaba el año litúrgico reconociendo a Jesucristo Rey del Universo. Nada que ver con lo que entendemos por rey cuando hablamos de las cosas de este mundo.
Hay varios momentos en que los evangelios se refieren a Jesús con esta palabra.
Unos magos de oriente vienen siguiendo una estrella, porque buscan al rey de los judíos que acaba de nacer. Llegan, lo ven, lo adoran y le entregan sus presentes. Jesús no dice nada, sólo sonríe.
Una madre pide para sus hijos un puesto de honor en el reino de Jesús. La respuesta no deja lugar a dudas: hay un cáliz que beber y una cruz que cargar.
La muchedumbre aclama a Jesús en su entrada en Jerusalén y le quieren proclamar rey. También sabemos que Jesús cabalga sobre una humilde borriquilla
Pilato le pregunta a Jesús, en el juicio, si es rey. Jesús responde que él es el testigo de la Verdad, cosa que al gobernador militar y político parece no interesar.
El crucificado junto a Jesús, en el último momento de su vida, le suplica «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». La respuesta de Jesús acabamos de escucharla: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»
El resto de ocasiones en que se alude al término rey se refiere al temor de Jesús a ser mal entendido por la muchedumbre que le sigue, y decide desaparecer y ocultarse para seguir su camino y su predicación.
Un rey crucificado entre dos malhechores no tiene apariencia regia, lo miremos como lo miremos. Y sin embargo ahí sí actúa Jesús con la dignidad de un rey, y con la autoridad y el poder de quien la ostenta.
Jesús es rey por ofrece a quien nada tiene y nada espera la oportunidad de invocarle desde su corazón necesitado y solitario. Jesús es rey porque despierta la fe adormecida o la planta donde no la hay. Jesús es rey porque es Dios, que tiene sus caminos para encontrarse con cada persona, con todos nosotros; caminos que no siempre pasan por donde indican las directrices oficiales. Jesús es rey porque hace que nuestro corazón escuche a la propia conciencia. Jesús es rey del mismo modo que nosotros exclamamos “mi rey” a quien mucho queremos. Jesús es rey porque desea ardientemente reinar en nuestros corazones. Jesús es rey porque nos ofrece su reino, donde todos seamos bienaventurados porque ya ahora encarnemos las bienaventuranzas.

Música Sí/No