Domingo 11º del Tiempo Ordinario


Según los estudios de las personas que se dedican a eso precisamente, a estudiar el comportamiento humano a través de los acontecimientos más o menos relevantes de la historia, la presencia de Francisco como obispo de Roma y Papa se está ya notando en las homilías de los sacerdotes. Supongo que eso mismo ocurrirá conmigo y, aunque yo no fuera consciente de ello, todos vosotros lo estéis comprobando. Así pues, y aunque ya se acercan los tiempos de las sandías y los melones, tengo ganas de ofreceros siquiera una pequeña reflexión al hilo de esta liturgia, al modo como el papa lo hace diariamente en la residencia vaticana de Santa Marta.
El evangelio de hoy da para mucho, también para sacarnos los colores a quienes solemos ir de puritanos por la vida y miramos a ésos y ésas, que son lo más bajo de la sociedad y no se merecen respeto ni consideración.
Sin embargo yo quiero haceros pensar ahora en las palabras de San Pablo en su carta a los Gálatas: «No quedamos justificados por el cumplimiento de la ley, sino por creer en Cristo Jesús». No somos más buenos que, por seguir las normas al pie de la letra, por sabernos el catecismo, ni siquiera por venir todos los domingos a misa o apuntarnos a la clase de religión. Tampoco por no hacer mal a nadie, no meternos en jaleos y no manifestarnos salvo para salir en procesión.
Si todo dependiera de nuestras ganas y de nuestro buen hacer, estaríamos anulando a Jesús y negando la gracia de Dios, que es gratuita. Dios nos ama, el primero. Y en su amor somos acogidos y perdonados.
Hace falta mucha humildad para aceptar eso, incluso de Dios. Que ante Dios no hay meritocracia, que de poco o nada valen nuestros esfuerzos y que por más que lo intentemos no conseguiremos añadir ni un centímetro a nuestra estatura, ni un segundo a nuestra vida, ni un gramo a nuestra santidad.
Fe es precisamente esto: creernos amados de Dios, dejarnos acrisolar y purificar por ese amor que nos envuelve y hasta nos penetra, abandonarnos a él y confiar sin medida ni condición.
Así de sencillo, pero también así de complicado. Y como prueba, un ejemplo. Deberes para esta semana casi veraniega pero repleta de ocupaciones antes de terminar el curso escolar, reflexionar sobre esta frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”.

Música Sí/No